Subo al tren descarrilado camino a la chingada. Traigo la sangre caliente.

Thursday, August 04, 2005

Tiempos mejores

Siempre vendrán. Y como tengo muchos deseos que lleguen, he decidido divorciarme de la amante más hermosa, sensacional, suculenta e intensa que he tenido en mi vida: la jarra. La conocí a los quince años en una fiesta de Navidad y fue fascinación total al primer instante. Nuestro único lenguaje era el exceso... entre nosotros nada de copitas de vino tinto, ni el inocente tequilita para abrir el apetito. No. Todo la razón de nuestra relación se basó en que no había algo más excitante que perder el control. Tirarse al precipicio. Abordar aquel tren descarrilado rumbo a la chingada que tanto menciono en estos blogs. Yo cerraba los ojos y ponía todo en sus manos y ella me regalaba noches maravillosas. Nos gozamos tanto. Fue una relación amorosa perfecta; la mejor (y única) que he tenido a lo largo de los últimos quince años. No me exigía nada (más que unas crudas hijas de la chingada... tan sólo un precio pequeño que yo estaba dispuesto a pagar) y la recompensa de su amor era increíble. Yo siempre he querido ser mariachi y al primer sorbo de un vodka enfriadito, el sueño se volvía realidad. Me volvía el bohemio que chupaba a pico de botella con Lucha Villa y cantaba "Echame a mi la Culpa" con Lola Beltrán y el Mariachi Vargas de Tecatitlán. El simple estilo de vida del borracho me parecía fenomenal: la euforia, las risas, el tren descarrilado.

Pero el encanto se esfumó. A mi amante le salieron verrugas en la nariz y se pedorreaba en la cama. Peor aún, me hizo ver que estaba triste. Mis borracheras eran feroces, imprudentes y negativas. Ya tengo tantos otros problemas como para que la jarra acabe por agravarlos o se convierta en uno más de ellos. Mi manera de beber siempre ha sido la de un alcohólico (lo supe desde aquella primera copa) pero nunca antes me había causado este daño emocional. Ahora que soy un hombre de treinta años con más complejos, frustraciones y pedos personales y profesionales que a lo largo de los últimos quince años y no puedo darme el lujo de permitir que la jarra me los acentúe o los entrampe más. Se acabó el amor. Se acabó la pasión. El deseo sigue ahí y seguirá por mucho tiempo... pero habrá que vencerlo un día a la vez. ¡Yo puedo hacerlo! Siempre vendrán tiempos mejores.

3 Comments:

Blogger Ligustrino Campana said...

La sequedad arma los desiertos y ahí hay espacio suficiente para construir cualquier cosa. Puentes, naves, acueductos. Quizá algún día puedas dedicarle un monumento a la jarra, pero sin boca, sólo con bebedero, para no tomar más que lo necesario. Arriba, ex borracho neo zen. Salú (agua).

3:14 PM

 
Blogger Anonymous said...

Hola Ligustrino,
Qué gusto encontrarte por mi blog de nueva cuenta. Debo admitir que traicioné esta última entrada de mi blog ya que este fin de semana bebí un poco (no me emborraché pero si abusé). No lo pude evitar! Estaba en una fiesta, los amigos tocaron la guitarra, canté, reí. Y nimodo. Pero lo que sí me queda claro es que debo reorganizar mis hábitos para no excederme. Me gustó mucho lo que dices: "la sequedad arma los desiertos". Felicidades por una frase tan poética. Saludos, Laszlo

3:40 PM

 
Blogger Luciana said...

Vueltas por la blogósfera y llego otra vez a México. Desde Chile!
Ay. El vaso, a veces mi mejor compadre. De hecho, odio decirlo, me acompaña ahora con limón, canada dry y ron. De borracha soy toda una duquesa; una alegre persona, que todo sobrelleva y perdona. De sobria, soy la misma alegre persona, que todo sobrelleva y perdona. He cantado con mariachis sin mas empuje que una coca cola, y he cantado con mariachis, con sus buenos vodkas arriba de la sangre. Pero también he terminado liada con quien no me convenía por culpa de la puta botella, y escribiendo en blogs ajenos despertando apetencias ajenas.
Salucita. A todos se nos cae la cátedra. Piense que mejor ser un borracho conocido, que un ex ebrio anónimo, jajajjajaja.
Es broma, persevere.

9:40 PM

 

Post a Comment

<< Home