Subo al tren descarrilado camino a la chingada. Traigo la sangre caliente.

Thursday, February 23, 2006

Mánchame que estoy muy blanco

Hoy es el día.

Quedamos en que hoy me llamaría por teléfono para ir a cenar. Francamente, estoy que me lleva la chingada. Intento pensar de manera positiva, pero hay una mariposa inmensa en mi estómago que viene de la duda de que quizás no me vaya a llamar. ¡Ya quiero estar en paz, por el amor de Dios! Si no le gusto, entonces vamos apurando este proceso porque al paso que vamos, voy a acabar hecho un trapo. Y vaya que no me subestimo, pero también estoy conciente que podría no gustarle. ¡Es que no sé qué piensa! Me estoy volviendo loco dando vueltas a las posibles razones de por qué no me ha hablado desde el domingo (quedamos en que hablaríamos hoy, pero yo pensé que le nacería la iniciativa de hacerlo antes porque pude haberle gustado tanto como a mí).

Por más que me haya esmerado en mi arreglo hoy en la mañana (estrené un traje y corbata padrísimos, me hice una limpieza facial a fondo, me aventé una rutina de ejercicio... en fin, hay que admitir que me puse chulo por si nos vemos en la noche) no va a servir de nada si no me llama (y yo me voy a sentir como idiota). Lo peor del caso es que yo no le puedo llamar. Sabe que estoy al pie del cañón y ambos acordamos tácitamente que la pelota está en su cancha (por usar una metáfora bastante ordinaria), así que a apechugar. Todavía restan alrededor de 10 horas por conocer el veredicto, así que al final de este día me podrá estar esperando mi cama con una depresión marca Sylvia Plath o un festín jubiloso digno de Zorba el Griego en algún restaurante de la Ciudad.

Obviamente, no estaría así si no me encantara. Porque me encanta. Me mata. Lo supe desde la primera vez. Yo soy así, muy directo y cuando sé lo que quiero, me aboco a lograrlo. Por eso, en cuanto nos conocimos de inmediato le murmuré al oído: "Si te invito a salir conmigo, ¿lo harías?" Y asintió. Y yo, feliz. A mí no se me da el ligue ni nada de eso, así que afortunadamente con eso nos ahorramos muchos ires y venires que no hubiera sabido cómo manejar.

¿Por qué detenerse? Voy a máxima velocidad, con todo. Es mi carácter. Ando tras aquello que me apasiona, conmueve, estremece... lo que me hace sentirme a salvo. Así me sucede cuando estamos juntos. Pero también quiero ser querido y perseguido y que se interese en mí tanto como yo, por eso me duele cuando pienso que todo eso aún no ha sucedido. Aún le falta ese empuje, el toquecito de fascinación que me haría comprender que me desea, que puede haber amor más adelante, ¡que todo es posible!

Ya lo dijo Lolita: "¿No notas que estoy temblando?"

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Si ella no sale contigo, yo sí!!

11:33 PM

 

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